Trabajas, entrenas o simplemente llevas el día a día y, hacia las cinco o seis, notas que el cuerpo pide parar.
Te cuesta concentrarte, te sientes pesado.
Intentas con café o más horas de sueño, pero el cansancio vuelve igual.
Hay días en que piensas que debería haber una forma más sencilla de mantener la energía sin depender de estimulantes.